12. jul., 2020

Veronica Lake. La melena maldita.

Constance Keane, tenía apenas 17 años cuando participó en el rodaje del film "Sorority House" (1939). John Farrow, el director de la película,  se dio cuenta de que aquel mechón de pelo rubio que caía sobre el hermoso rostro de la joven actriz, cubriéndole el ojo derecho, le otorgaba un perturbador halo de misterio y potenciaba su gélida belleza germánica.

Seguidamente, el productor de la Paramount, Arthur Hornblow Jr., le cambió su nombre verdadero por el de Veronica Lake, haciendo referencia a sus profundos y fríos ojos azules.

Y así comenzó el proceso de fabricación de la muñeca rota ‘made in Hollywood’. Así nació también la femme-fatale por excelencia y un peinado legendario: El ‘peek-a-boo’ (que podría traducirse como algo parecido a ‘echar un vistazo’, ‘mirar por la mirilla’ o ‘asomarse como el cuco del reloj’). Era el primer producto comercial de la historia del cine y ella era perfecta para el papel, un personaje tan maravilloso como limitado.

Aunque la estrategia de marketing no tenía una obsolescencia programada para ella, el destino quiso que la recién nacida estrella tuviera un paso fugaz en el firmamento de las divinidades del cine de los años 40.  Y es que fue el éxito abrumador de una campaña publicitaria lo que, paradójicamente, causaría su muerte  artística.

Parece ser que las estadounidenses, en su entusiasmo por imitar aquella sugerente manera de taparse un ojo, no tuvieron en cuenta la incompatibilidad de este peinado con su incorporación al trabajo, más concretamente a sus puestos dentro de la industria armamentística en pleno conflicto bélico. Las trabajadoras de las fábricas de armamento acababan con la greña enganchada en los taladros, por no hablar de las negligencias que ocasionaba la falta de visión del glamuroso peinado.

El gobierno no podía permitir accidentes laborales  por llevar ese peinado y el mismísimo Departamento de Guerra de Estados Unidos exigió a la productora que prohibiera a Lake volver a parecer con su famoso peinado. La Paramount acató las órdenes, exigiéndole a la diva un cambio de look y la grabación de este histórico anuncio, en el que se corta el pelo y transforma su peinado en un intento forzoso de disminuir los dramáticos efectos de su peek-a-boo.

El cambio de look, unido a su mala reputación y su adicción al alcohol, la situaron en el borde del precipicio. Su carrera nunca se repuso. El público quería el misterio, el peligro y el glamour. Y el mayor icono del cine negro, la misteriosa y elegante vampiresa, la enigmática personificación del cine de los 40 pasó del todo… a la nada. A veces el precio de la fama es alto y el trágico declive parece el único final posible para aquellas estrellas destinadas a convertirse en mito.

El pasado martes se cumplían 47 años de su fallecimiento (7 de julio de 1973). Murió con tan solo 50 años,  a causa de complicaciones derivadas del abuso del alcohol.  Cuentan que ni su madre ni sus hijos acudieron al funeral. Murió sola y odiada por la mayoría de los que la conocieron y no supieron comprender su enfermedad: Constance padeció toda su vida de esquizofrenia paranoide.  Sus cenizas fueron esparcidas por algún lugar al Sur del Pacífico, allí donde los marines quisieron que una isla llevara su nombre.

Su legado cinematográfico quedó sepultado por su poderosa imagen. Aunque su paso como estrella fue fugaz, brilló como pocas y durante el tiempo suficiente como para elevar su peinado a la categoría de mito.

* La fotografía pertenece a los carteles de promoción de la película ‘Me casé con una bruja’ (1942), uno de los mayores éxitos de la industria en los años 40.