Luces, cámara y... ¡acción!

¿Qué papel quieres interpretar en tu propia producción?

Quizá Charles Chaplin no estaba del todo en lo cierto cuando afirmaba que la vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Tal vez la vida sí nos permite los ensayos necesarios para que logremos interpretar ciertas escenas de la mejor manera posible. Pero para ello, es imprescindible pararse, bajar del escenario, sentarse en la butaca y observar la realidad como espectador durante un rato. Es ahí donde podemos darnos cuenta de muchas cosas. Una de ellas es el reparto de papeles y otra, la posibilidad de cambiar el guion.

Si quieres una buena película tendrás que dirigirla bien y para ello necesitas un buen reparto… empezando por tu personaje. ¿Qué papel quieres interpretar en tu propia producción? ¿No es lógico que seas el o la protagonista? ¿Qué sentido tiene darte a ti mismo un papel secundario… o el de un simple extra? Y con respecto a los demás, ¿qué papeles ofreces?

Hace unos años, llegó a mis manos un regalo procedente de la meca del cine.  Se trataba de un llavero con forma de claqueta en la que se podía leer la frase: “Life’s a movie. Direct it well” (La vida es una película. Dirígela bien). Tras enganchar en mi souvenir hollywoodiense las llaves de la azotea (lugar del que mejor podía contemplar a las ‘estrellas’), me puse a darle vueltas al sentido de la frase y entonces me vino a la mente la cita de Chaplin. Hablar de la vida como si de una obra teatral o película se tratara, me parece una metáfora muy interesante. Aunque el mundo gira para todos a la misma velocidad, cada cual percibe la realidad a su propio ritmo y ‘frecuencia’. Es como si estuviéramos todos en el mismo “multicines” pero cada uno entra en una sala diferente y ve una película distinta.

Recuerdo la escena de una película en la que una mujer enrabietada con su padrastro le reprochaba: “Mi madre intentó suicidarse por tu culpa”. Y el acusado, que no tenía ni idea de lo que la furibunda chica le estaba contando, le replicó: “Yo soy una buena persona, ¿sabes? Tal vez me ha tocado ser el villano en tu historia, pero yo soy una buena persona”.

Fue en esa última frase donde encontré la clave de tantos conflictos en determinadas escenas de nuestra vida: comprender que el papel que otro nos otorga en su producción no es asunto nuestro (aunque podemos elegir actuar o no bajo sus órdenes). A veces, no consideramos justo el personaje que otro nos impone en su película, pero recordar que es “su película” y no la nuestra, recordar que somos libres para elegir no interpretar ese papel… es bastante liberador.

Por otro lado, nos queda la potestad para cambiar el guion. A veces olvidamos que está en nuestras manos, que es en gran parte nuestra responsabilidad y que se puede hacer tantas veces como consideremos necesario u oportuno. ¡Es nuestra película! Y de nosotros depende que sea un drama o una comedia, un culebrón, una superproducción, un bodrio indigerible o una obra maestra del surrealismo, por poner algunos ejemplos.  

Eso sí, en lugar de esperar a que nos llueva una “subvención” del Universo para hacer realidad nuestros sueños, podríamos plantearnos simplemente, hacer algo digno con lo que esté a nuestro alcance, y hacerlo lo mejor posible, con lo que se pueda, con lo que se tenga, desde el lugar en el que se esté. No hay mayor ‘fracaso en taquilla’ que no disfrutar de nuestra propia proyección. Y desde luego, ningún premio será equiparable jamás a la libertad de escribir, dirigir y protagonizar la película de nuestra propia vida.